20 historias de resiliencia de mujeres en la agricultura

Wikifarmer

Equipo editorial

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29/04/2026
20 historias de resiliencia de mujeres en la agricultura

Una colección de retratos para el Año Internacional de la Mujer Agricultora (AIMA) 2026 de la ONU

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha designado 2026 como Año de la Mujer Agricultora, en reconocimiento del papel central que desempeñan las mujeres en la configuración de los sistemas agroalimentarios, el sostén de las economías rurales y el avance de la seguridad alimentaria mundial. Y, sin embargo, muchas mujeres del campo siguen infravaloradas, infradotadas de recursos e infrarrepresentadas.

Hemos hablado con 20 agricultoras, agroemprendedoras, investigadoras y líderes del sector agrícola de distintos continentes. De sus voces no surge un relato único de progreso, sino un abanico de realidades vividas, cada una marcada por las limitaciones, la adaptación y los logros. En conjunto, muestran cómo las mujeres no solo trabajan la tierra, sino que están redefiniendo qué es la agricultura: un sistema de ciencia, negocio, cultura, herencia y cuidado.

1. Tender puentes entre la academia y el campo

Dimpho Moroaswi, productora de plántulas e investigadora — SudáfricaDimpho Moroaswi .jpeg

«Mi mayor logro ha sido crear una empresa próspera de producción de plántulas y, al mismo tiempo, desarrollar una carrera académica.»

A sus 28 años, Dimpho Moroaswi se mueve entre dos mundos: suministra plántulas hortícolas a agricultores y cadenas de distribución como SPAR, mientras cursa el máster en Emprendimiento y Creación de Empresas en la Wits Business School

Aprendió a cultivar en casa, de manera informal, antes de saber que aquello sería su profesión. La parte académica llegó después, cuando su trabajo de investigación en el Wits Innovation Centre profundizó su comprensión del ecosistema agroemprendedor.

«Tender un puente entre la investigación y la práctica ha tenido un significado especial para mí: puedo probar ideas en el campo a la vez que aporto al conocimiento académico sobre emprendimiento y desarrollo rural.»

Combinó conocimiento práctico y curiosidad para sacar adelante un negocio agrícola viable, demostrando que la academia y el campo no son mundos opuestos.

2. Modernizar lo heredado

Loli Gómez, agricultora de pimiento — Almería, España

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En la inmensa zona de invernaderos del Poniente almeriense, Loli Gómez ha modernizado la explotación sin renunciar a su papel social y económico en la comunidad.

Junto a Agrométodos, ha dirigido la actualización tecnológica de la finca, la reorganización de su gestión y la ampliación de la plantilla. Para ella, modernizar no es romper con el pasado, sino darle continuidad con mejores herramientas.

«Mi logro sería haber modernizado tecnológicamente la finca y haberla gestionado bien, de modo que actualmente dé trabajo a muchas familias y produzca productos de la mejor calidad, que muchos consumidores pueden degustar.»

Su lema personal —«Calidades de Almería»— funciona en doble sentido: nombra un estándar de producto y una identidad territorial que se enorgullece de representar.

3. Ganarse el sitio con trabajo

Ainoa Doñas, agricultora y técnico agrícola — España

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Ainoa Doñas creció en la agricultura de la mano de su padre, pero su identidad en el sector es algo que ha construido conscientemente.

«Ganarme mi propio sitio no ha sido una cuestión de herencia, sino de demostrar cada día que puedo con todo y más.»

No busca un trato especial por ser mujer ni concesiones por ser joven. Su orgullo nace de la solvencia con la que afronta las exigencias físicas y operativas de la explotación.

«Mi valor en el campo no se mide por mi género, sino por la seriedad y el rigor con que ejecuto mi trabajo.»

4. Tradición e innovación, unidas

María del Salz Medina Fortacín, productora de aceite de oliva — España

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A partir de olivares familiares, María del Salz Medina Fortacín ha construido SalzySalz, una marca de aceite de oliva virgen extra de variedades autóctonas aragonesas —empeltre y arbequina— cultivadas con respeto al suelo y al olivar.

«Mi mayor logro ha sido demostrar que es posible combinar tradición, innovación y sostenibilidad.»

Habla con especial cariño de lo que va más allá del rendimiento productivo: las mujeres a las que ha acompañado, las mesas redondas en las que ha participado, los talleres en los que ha animado a otras mujeres rurales a creer que pueden liderar sus propios proyectos agrícolas.

«La agricultura del futuro necesita diversidad, relevo generacional, agricultura familiar, cooperación y una visión integradora.»

5. Empezar desde cero

Alicia López Jiménez, productora de aguacate — Campo de Gibraltar, España

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Alicia López Jiménez nunca se planteó dedicarse al campo. Estudió empresariales, trabajó en turismo y creía que la historia agrícola de su familia era cosa del pasado. El nacimiento de su hijo, en 2018, le cambió el rumbo.

Dos años después, presentó una propuesta a la convocatoria de la Junta de Andalucía para la incorporación de jóvenes al mundo agrario. Cuando llegó la financiación, llegó también la convicción.

Fundó Aguacates de la Villa, donde cultiva aguacates Hass y Bacon en once hectáreas en el Campo de Gibraltar. Sus jornadas empiezan en Agropeco, una consultoría agrícola y ganadera; después deja a su hijo en el colegio y sigue trabajando en la finca toda la tarde. También forma parte de la junta directiva de Aproaga, la asociación de productores de aguacate de la comarca.

«Mi mayor logro ha sido empezar desde cero. Yo empecé Aguacates de la Villa sin nada y ahora estoy aquí.»

Un robo el pasado agosto y una sucesión de borrascas pusieron a prueba sus ganas de seguir creciendo, pero salió adelante.

«El mayor reto ha sido compaginar el trabajo de oficina con el de campo y, al mismo tiempo, ser madre, que no es poco.»

«Los límites los pones tú. Puedes llegar muy lejos como mujer en la agricultura si sigues superándolos, aunque a lo mejor tardes un poco más.»

6. Construir un ecosistema

Nisa Nur Sukran Hapil, productora de granada — Antalya, Turquía

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En una explotación de 200 decáreas en Serik, Antalya, Nisa Nur Sukran Hapil gestiona unos 8.000 granados. Vende la fruta con certificación de Buenas Prácticas Agrícolas, lo que en Turquía exige una estricta trazabilidad y control de calidad.

«Mi mayor logro ha sido crear y liderar un proyecto agrícola propio. El trabajo en el campo es exigente. Como mujer, liderar esta operación es un logro importante.»

Ahora trabaja en ampliar el negocio por dos vías: una gama de productos naturales a base de granada y un alojamiento turístico de lujo en plena finca, pensado para que los visitantes vivan de primera mano su ritmo estacional.

«Para mí, el éxito es construir un proyecto sólido y sostenible a largo plazo.»

7. Continuar un legado familiar

María Jesús Monzón Rodríguez, agricultora — La Puebla de Almoradiel, Toledo, España

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Aunque solo lleva dos años registrada oficialmente como agricultora, María Jesús Monzón Rodríguez, de veintinueve años, trabaja la tierra con sus padres desde que tiene memoria.

Tras dejar la gran ciudad, volvió a casa y decidió seguir el legado agrícola de su familia.

«Es muy importante ver que actualmente el campo necesita jóvenes que tomen el relevo. Mujeres, en este caso, que sientan orgullo de trabajar en el legado de sus antepasadas: tierras que nuestras abuelas segaban y vendimiaban.»

Tiene claro que las mujeres no deben verse como complemento, sino como parte integral del sistema:

«Las mujeres no «ayudamos» en el campo: lo trabajamos y lo hacemos crecer, convirtiéndolo en nuestro modo de vida.»

Su mayor logro, dice, es continuar el legado de su madre, tan valiente y capaz.

8. Llevar la ciencia al terreno

Rossana Porras-Jorge, fundadora de Cultiva con Ciencia — Perú

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Rossana Porras-Jorge creció labrando la tierra con sus padres, y la vocación que despertó allí la llevó a cursar un doctorado en agricultura de precisión.

Al regresar a su Perú natal, le costó reincorporarse al mercado laboral y decidió convertir esa dificultad en una oportunidad para emprender. Fundó Cultiva con Ciencia, un proyecto que integra prácticas sostenibles, tecnologías eficientes y decisiones basadas en datos para pequeños productores y comunidades rurales.

«Mi mayor logro ha sido demostrar que la ciencia, la tecnología y el trabajo de campo pueden convivir.»

Hoy diseña invernaderos, lidera investigaciones sobre economías alimentarias locales y acompaña a los productores en la adopción de nuevas herramientas.

«Cada proyecto que impulsa la sostenibilidad y mejora la calidad de vida reafirma que las mujeres en la agricultura no solo podemos liderar e innovar, sino también abrir camino a muchas más que vienen detrás, construyendo una agricultura más justa, moderna y humana.»

9. Tratar el suelo como un sistema vivo

Olivia Cerdeiriña, consultora en agricultura regenerativa — España

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Olivia Cerdeiriña llegó al campo desde la biología y la gestión empresarial. Implanta modelos de agricultura regenerativa en fincas que producen, y cuestiona la manera convencional de tratar el suelo: para ella es un sistema vivo, no un simple soporte.

Dice que su mayor logro ha sido construir, en fincas reales y con presupuestos y objetivos de producción reales, modelos de trabajo centrados en la regeneración del suelo, la microbiología y la biodiversidad funcional, sin renunciar a producir, a diferenciarse en el mercado y a mejorar la salud del territorio.

«Quiero demostrar que es posible producir mejorando la tierra.»

Igual de importante, dice, es la dimensión humana: formar a agricultores y equipos para que recuperen su propio criterio técnico, su autonomía y su confianza.

«Cuando se deja de depender de recetas externas y se empieza a leer el suelo, las plantas y el paisaje, ocurre algo mágico.»

Su trabajo, sostiene, es una aportación muy femenina al sector: «práctica, rigurosa, cooperativa y con raíces largas».

10. Poner la naturaleza en el centro

Stacy Baraka, fundadora de The Greenanns Bloom by Pejan

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Stacy Baraka empezó con poco: un vivero arraigado en prácticas de conservación y con plantas seleccionadas por capacidad para regenerar el suelo, embellecer espacios y despertar la conciencia ambiental.

Cada obstáculo, según cuenta, se convirtió en una prueba de que la agricultura podía ser una herramienta de transformación y no solo un medio de vida.

«Mi mayor logro ha sido construir un proyecto con la naturaleza en el centro, arraigado en la sostenibilidad y en el impacto comunitario.»

Añade que otro de sus éxitos importantes ha sido la confianza que ha cultivado, tanto en sí misma como en otras mujeres.

Subraya la resiliencia:

«En una industria en la que las mujeres tenemos acceso limitado a la tierra y al capital, decidí perseverar.»

11. Crear empleo donde más se necesita

Hannah Kalinde, agricultora — Zambia

Hannah Kalinde trabaja en una finca en Malawi, Zambia y su mayor orgullo es poder usar la agricultura para ayudar a otras personas, especialmente a otras mujeres.

«Saber que puedo dar trabajo a una madre soltera y a sus hijos en nuestra aldea significa para mí más que cualquier cosecha.»

Las cosechas, añade enseguida, traen su propia satisfacción: «Después de todo el trabajo agotador, ver los frutos de nuestra labor amontonados es un momento que nunca doy por sentado».

El camino ha sido duro, tanto por lo cultural como por lo técnico. En su aldea, dice, los hombres siguen aferrados a la idea tradicional de quién debe mandar; y aun cuando saben que las decisiones son suyas, el reflejo sigue siendo acudir a un hombre para la palabra final.

A lo largo de cuatro años ha convertido un campo de hierba en tierra de cultivo productiva y ha mostrado a otras mujeres de la comunidad que ellas también pueden ser agricultoras.

«He demostrado a otras mujeres que la agricultura no es solo cosa de hombres.»

Su plan ahora es formar una pequeña cooperativa para que las mujeres locales puedan vender su propia producción y que su éxito individual saque adelante a más de un hogar.

12. Conservar la memoria a través de los alimentos

Anastasia Pasiali, fundadora de Fruit Stories Edessa — Grecia

Anastasia Pasiali era doctoranda y decidió abandonar ese camino para dedicarse a la agricultura.

En su lugar levantó un pequeño obrador artesanal de mermeladas, dulces de cuchara y siropes elaborados con fruta de los campos familiares de Edessa, a partir de viejas recetas familiares. «Hacemos conservas dulces para preservar historias dulces», dice.

Su marca creció desde un tarro de sirope de higo hasta convertirse en una empresa: Fruit Stories.

Para ella, la marca es también una historia de luchas y pequeños triunfos, de recuerdos de infancia y largas jornadas, de pausas por la pandemia y la maternidad, y de la lenta decisión de volver.

«Fruit Stories es también mi historia: luchas, recuerdos, amor y perseverancia.»

13. Defender la integridad alimentaria

Faith Adeoluyo Moyinoluwa, fundadora de Deluyo Honey — Nigeria

Faith Adeoluyo llegó a la agricultura desde la agronomía y desde una convicción que muchos de sus compañeros habían aprendido a poner en duda: que la agricultura no solo es rentable, sino también prestigiosa cuando se entiende como liderazgo de sistemas.

Fundó Deluyo Honey en un mercado nigeriano donde la miel adulterada es la norma, y construyó la marca sobre tres pilares: pureza, trazabilidad y una apicultura adaptada al cambio climático.

«Mi logro es haber fundado Deluyo Honey, una marca construida sobre la integridad alimentaria.»

Sus abejas hacen el trabajo ecológico de la polinización; su empresa, la labor cívica de educar a los consumidores sobre qué es un alimento auténtico y por qué importa.

«Este logro importa porque demuestra que las mujeres agricultoras no solo alimentamos a las comunidades, sino que también estamos dando forma a sistemas alimentarios sostenibles y redefiniendo el liderazgo agrícola para la próxima generación.»

14. Practicar la resiliencia

Mariam Shittu, agricultora — Nigeria

La historia de Mariam Shittu muestra la resiliencia necesaria para seguir adelante cuando el progreso es lento y el campo no siempre toma en serio a las mujeres.

«Hubo momentos en que el trabajo se hacía duro y el progreso parecía lento, pero me recordaba a mí misma por qué había empezado y me mantenía centrada en dar lo mejor.»

Su trayectoria ha requerido paciencia, dedicación y una acumulación gradual de confianza. Lo que ha aprendido, dice, es el valor de la tenacidad y la importancia de creer en sí misma cuando las cosas parecen imposibles.

«He llegado a comprender el valor del trabajo duro y la perseverancia.»

15. Impulsar el liderazgo juvenil

Daisy Makayi, fundadora de Makayi Farms — Chilanga, Zambia

A las afueras de Lusaka, a once kilómetros del centro de la ciudad, Daisy Makayi gestiona una explotación porcina y hortícola. Es joven y tiene muy claro qué significa esa juventud en el sector.

«Me enorgullece formar parte de una generación que está redefiniendo la agricultura. Estamos adoptando prácticas sostenibles, tecnología innovadora y soluciones que garantizan la seguridad alimentaria y protegen el medio ambiente.»

Cada cosecha, para ella, produce algo más que comida: esperanza, empoderamiento y cambio. Ser una agricultora joven, insiste, no es un peldaño hacia algo más respetable; es una responsabilidad y un privilegio, y piensa aprovecharlo para sumar a más jóvenes a una visión del campo entendido como liderazgo, no como mano de obra.

«La agricultura me ha enseñado que crecer no va solo de los cultivos: va de resiliencia, creatividad y esperanza.»

16. Dominar todas las facetas del campo

Rocío Ruiz Fernández, agricultora — España

Diez años después de iniciar su carrera, Rocío Ruiz Fernández ha construido una trayectoria completa que abarca tanto la vertiente física como la administrativa de la agricultura.

«El logro ha sido construir una trayectoria completa dentro de un sector que históricamente no estaba pensado para nosotras.»

Ha manejado maquinaria y ha participado en las labores diarias de la explotación; también ha gestionado ayudas, tratado con administraciones y participado en la planificación y la toma de decisiones.

«Para mí, el logro no es solo haber estado ahí, sino haber demostrado que una mujer puede aportar una visión global del sector: entender la tierra, pero también la gestión, la normativa y la estrategia que hoy exige la agricultura moderna.»

Comparte enseguida el mérito con su madre, que trabajó la tierra durante décadas en las que las mujeres en esos puestos eran juzgadas en voz baja —y a veces en voz alta—.

«Hemos tenido que demostrar el doble para conseguir la mitad.»

Y aun así, considera un logro inmenso poder ser referente, aunque sea para una sola mujer más joven.

17. Contar la historia de la tierra

María José Gómez Pineda, olivarera y comunicadora — Toledo, España

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Periodista de formación antes que agricultora, María José Gómez Pineda puso en marcha Vides y Olivos en 2009 para sacar al mercado el primer aceite ecológico —Tierra Sana— de un grupo de productores de las comarcas de Torrijos y Talavera de la Reina y de los Montes de Toledo.

Su aportación distintiva fue comunicativa. Aplicó el oficio de periodista a la tarea de explicar una cultura, una variedad y una tradición almazarera a los consumidores con los que su grupo iba conectando.

«Creo que he sembrado en este sentido, comunicando una cultura, transmitiendo. Hemos despegado, navegado y comunicado. Hemos tenido un poco de hueco en la sociedad.»

Su segundo gran orgullo es haberse puesto al frente de una explotación familiar que permaneció unida durante treinta años.

«Todo lo que es sacrificio y se realiza con amor y deleite merece la pena.»

18. Demostrar la viabilidad de los sistemas regenerativos

Mònica Gómez Ferrero, agricultora regenerativa — Área metropolitana de Barcelona, España

En una sola hectárea del área metropolitana de Barcelona, Mònica Gómez Ferrero se propuso demostrar que la salud del suelo es el verdadero motor de la productividad y del equilibrio del agroecosistema. Cree haberlo demostrado en su propia tierra.

«Mi mayor logro ha sido evidenciar que la salud del suelo es la clave del agroecosistema.»

«Pienso que aún queda mucho por descubrir en términos de prácticas respetuosas y estoy convencida de que la salud del suelo será la punta de lanza en estos tiempos de cambio climático, ya que un suelo fértil y bien estructurado aumenta exponencialmente su capacidad de retención de agua.»

Su caja de herramientas es deliberadamente modesta: pequeños tractores, motocultores, la laya cuando hace falta, entrar al campo solo en los momentos adecuados de humedad y una planificación disciplinada de cultivos y rotaciones. El mensaje es que la agricultura regenerativa no requiere grandes capitales. Requiere atención.

19. Hacer evolucionar las explotaciones heredadas

Sonia Martínez Camacho, agricultora — España

Sonia Martínez Camacho se dio de alta como autónoma agrícola a los dieciocho años, tras toda una vida de ayuda en las tierras familiares. Viene de una estirpe de agricultores y su padre ha sido una pieza clave en el relevo generacional.

Aprovechando la experiencia paterna en movimientos de tierras y construcción de embalses, ella ha liderado el diseño de nuevas plantaciones en las que la eficiencia tecnológica es la prioridad absoluta.

«Mi mayor orgullo es haber liderado esta transición: pasar de la agricultura tradicional de mis antepasados a un modelo de precisión donde optimizamos cada gota de agua y cada palmo de terreno.»

Competir en los mercados actuales sin renunciar a sus raíces es, para ella, la esencia del oficio.

«Ser mujer en este sector significa, para mí, aportar esa visión estratégica y detallista que garantiza que el campo no solo sobreviva, sino que prospere hacia el futuro.»

20. Integrar ciencia y creatividad

Claudia Barriga Carrera, agrónoma y asesora AgroTech — Chile

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Antes de elegir Agronomía en la Pontificia Universidad Católica de Chile, Claudia Barriga Carrera quería ser artista, quizás actriz de teatro. El giro llegó cuando descubrió que la universidad le permitía combinar las asignaturas de agronomía con optativas de arte.

Su mayor logro, dice, es haber creado la Fundación Proyecto Huerto, una organización sin ánimo de lucro que, durante más de una década, ha conectado a cientos de personas con la agricultura urbana y la educación en sostenibilidad. Imparte clases de Emprendimiento e Innovación en su antigua facultad y forma parte del comité asesor de AgroTech Chile, donde trabaja para que la digitalización y la inteligencia artificial lleguen al sector de manera realmente accesible para los productores.

«Creo firmemente en la colaboración entre hombres y mujeres. Es en el trabajo en equipo donde podemos potenciar nuestro talento, complementarnos y generar los cambios estructurales que el sector necesita.»

Evoca también un linaje más antiguo: el de las recolectoras de la antigüedad, cuya atención al detalle, sugiere, pervive en la minuciosidad analítica que muchas mujeres aportan hoy a los retos agrícolas. Lo que ve como su logro de fondo es la coherencia: integrar todas las partes de sí misma y hacerlo en público, para que las mujeres que vienen detrás se ahorren el paso de pedir perdón por su amplitud de intereses.

«Las mujeres en la agricultura no somos la excepción: somos un motor de cambio.»

Conclusion

A través de estas veinte mujeres, la agricultura se revela como un terreno de compromiso y perseverancia. Eligen quedarse en él pese a desafíos muy reales, construyendo su sitio en un sector que abarca producción e investigación, herencia e innovación, mercados locales y sistemas globales. Lo que une todas estas historias es la determinación traducida en acción. Cada una define el logro en sus propios términos: reconstruir explotaciones, levantar nuevas empresas, hacer avanzar métodos científicos o crear oportunidades para otras personas en sus comunidades.

A las puertas de 2026, Año Internacional de la Mujer Agricultora, estas historias reflejan un cambio ya en marcha: las mujeres no solo forman parte del futuro de la agricultura; también están moldeando activamente su presente.