Biofortificación: una solución sostenible al hambre y la desnutrición ocultas

Victor Adeyemi

Profesional de extensión agraria y desarrollo rural

8 min lectura
Biofortificación: una solución sostenible al hambre y la desnutrición ocultas

Imagine una situación en la que tiene acceso a alimentos, pero éstos carecen de las vitaminas y minerales esenciales que su organismo necesita para mantenerse sano. Esta es la realidad de miles de millones de personas en todo el mundo y se denomina “hambre oculta”. Es un aspecto más complejo y menos visible del hambre. Resolver este problema no consiste sólo en llenar el estómago de comida; se trata de garantizar que las personas ingieran alimentos nutritivos y sanos.

El hambre oculta afecta gravemente al bienestar físico y mental de los individuos y las sociedades. Puede provocar malnutrición crónica y enfermedades, afectar al desarrollo cognitivo y, en el peor de los casos, la muerte. 

Biofortificación: una solución sostenible al hambre y la desnutrición ocultas

Mapa mundial que representa el índice de hambre oculta y la baja concentración de yodo en la orina  

Una pregunta importante a la que debemos responder es: ¿cómo podemos hacer frente a este problema y garantizar que todo el mundo pueda tener acceso a alimentos nutritivos? 

Afortunadamente, existe una solución eficaz y sostenible llamada “biofortificación”.

El concepto de biofortificación 

¿Qué es la biofortificación?

La biofortificación o bioenriquecimiento, es un proceso que consiste en mejorar el contenido nutricional de los cultivos alimentarios, en particular de micronutrientes como la vitamina A, el zinc y el hierro. Esto se consigue mediante diversas técnicas, como la biotecnología moderna y la fitogenética convencional, para mejorar las cualidades nutricionales de los cultivos a medida que crecen en la explotación.  

Por consiguiente, aumenta el contenido de vitaminas y minerales de cultivos básicos como el arroz, el trigo, el maíz y las judías, elementos fundamentales de la dieta de muchas familias con pocos ingresos. A la hora de abordar el hambre oculta, la biofortificación es un enfoque indispensable para combatir las carencias crónicas de micronutrientes en la dieta.

Además de mejorar la nutrición, la biofortificación contribuye a mejorar la producción y la seguridad alimentaria, lo que la convierte en un enfoque rentable y sostenible.

Ejemplos de cultivos bioenriquecidos

La biofortificación es una serie de iniciativas lideradas por científicos y expertos agrícolas que se han centrado en mejorar el contenido en micronutrientes de la vitamina A, el hierro y el zinc de los cultivos básicos para hacer frente al hambre oculta. Este enfoque deliberado se debe a los muchos beneficios nutricionales y sanitarios de estos elementos esenciales. 

Algunos cultivos bioenriquecidos son: el arroz, el trigo, el maíz y las judías.  

Biofortificación: una solución sostenible al hambre y la desnutrición ocultas

  • Arroz bioenriquecido con zinc 

El arroz bioenriquecido con zinc se ha desarrollado para hacer frente a las deficiencias de este elemento que es un problema de salud pública importante en muchos países en vías de desarrollo. Esta deficiencia puede acarrear graves consecuencias para la salud, como problemas de crecimiento y un sistema inmunitario debilitado. 

Además, a diferencia del arroz dorado, conocido por su característico color dorado debido al betacaroteno, el arroz bioenriquecido con zinc enriquece el grano con zinc esencial sin alterar su color. Este proceso mejora el sistema inmunitario y la capacidad del organismo para resistir infecciones y enfermedades. 

Para evaluar su impacto, se realizó un estudio en Bangladesh para medir el consumo de arroz con zinc de niños de 12 a 36 meses que comieron arroz con zinc a diario durante un periodo de nueve meses. Sorprendentemente, no cambió la cantidad de zinc que tenían en el cuerpo. Pero aquí viene la parte emocionante: al final del estudio, estos niños eran más altos que los que habían comido arroz normal.

  • Judías enriquecidas con hierro

Otra solución alimentaria son las judías bioenriquecidas. Las judías son un alimento básico en la dieta de aproximadamente 400 millones de personas en los trópicos y aportan nutrientes esenciales como proteínas, fibra y carbohidratos complejos. No obstante, suelen ser insuficientes a la hora de aportar cantidades significativas de hierro.

La carencia de hierro es un problema de salud mundial generalizado y que afecta, sobre todo, a mujeres y niños. Las mujeres suelen necesitar más hierro debido a la pérdida de sangre durante la menstruación, el embarazo y el parto, mientras que los niños necesitan mucho hierro para crecer y desarrollarse. Además, un aporte insuficiente de hierro en la dieta puede perjudicar el desarrollo cognitivo y físico de los niños y representar un riesgo para las mujeres y los bebés durante el parto.

Sin embargo, se ha demostrado que un consumo regular de judías bioenriquecidas con hierro contribuye significativamente a cubrir las necesidades diarias de hierro. Por ejemplo, un estudio realizado en Ruanda con estudiantes universitarias (de 18 a 27 años) que tenían deficiencia de hierro reveló que los niveles de hierro aumentaron de manera sustancial después de consumir a diario alubias bioenriquecidas con hierro durante 4,5 meses.

Biofortificación: una solución sostenible al hambre y la desnutrición ocultas

Maíz bioenriquecido con vitamina A 

  • Maíz bioenriquecido con vitamina A

Para millones de personas del África subsahariana y América Latina, el maíz es un cultivo básico y esencial para la alimentación humana. También es uno de los cultivos con mayor diversidad genética del mundo. Más de 900 millones de personas dependen del maíz como alimento básico y África contribuye con más de 300 millones. Aunque el maíz proporciona suficiente energía, es pobre en algunas vitaminas y minerales esenciales, como la vitamina A y el zinc.

Además, la carencia de vitamina A es una de las formas más comunes de desnutrición en el mundo en desarrollo. Según UNICEF, 140 millones de niños corren el riesgo de caer enfermos e incluso fallecer debido a esta carencia. Para hacer frente a este problema, se ha cultivado maíz bioenriquecido que contiene niveles más altos de carotenoides de provitamina A, que el organismo convierte en vitamina A. Este tipo de maíz mejora la salud y cuenta con el potencial de proteger contra la ceguera inducida por la malnutrición.

Además, un estudio realizado en Zambia reveló que los niños de 4 a 8 años con carencia de vitamina A experimentaron mejoras significativas en su capacidad visual para ver en condiciones de poca luz tras consumir maíz bioenriquecido con vitamina A.

Maíz bioenriquecido con vitamina A 

  • Patatas bioenriquecidas con carotenoides provitamina A

Las patatas se consumen de muchas formas diferentes, como puré, asadas o fritas. A pesar de su gran popularidad, a menudo están consideradas como un alimento que engorda debido a su gran contenido de almidón. Además, se ha relacionado su consumo con el aumento de peso y otros problemas de salud. 

Fue la necesidad de mejorar el perfil nutricional de las patatas lo que las condujo al proceso de biofortificación. Este esfuerzo ha sido especialmente fructífero en el caso de las patatas bioenriquecidas con provitamina A, también conocidas como variedad de pulpa naranja.

Además, este desarrollo ha sido un avance importante para afrontar la deficiencia de vitamina A y ha mejorado la salud de más de 5 millones de personas en zonas rurales de África y Asia. Asimismo, las batatas bioenriquecidas no sólo son nutritivas sino que pueden comerse crudas, como las zanahorias, y son una gran manera de impulsar la ingesta de vitamina A y mejorar la salud.

Por ejemplo, los alimentos básicos más consumidos en Nigeria son la yuca blanca tradicional sin bioenriquecimiento, el maíz y las batatas, que tienen un bajo contenido en micronutrientes esenciales. Sin embargo, para conseguir la seguridad alimentaria de más de 2,5 millones de personas, Nigeria ha incorporado la yuca con provitamina A y las batatas de pulpa naranja (OFSP) en su Plan de Apoyo al Crecimiento. 

Cómo pueden los agricultores implantar y adoptar cultivos biofortificados 

Una vez analizados los beneficios de la biofortificación, es fundamental que los agricultores adopten los cultivos biofortificados para implantarlos con éxito y generalizar sus beneficios.

He aquí algunos factores clave que pueden ayudar a los agricultores a implantar y adoptar los cultivos bioenriquecidos.

  • Iniciativas de formación: para potenciar su adopción, las agencias gubernamentales, las ONG y las extensiones pueden formar a los agricultores sobre los cultivos bioenriquecidos y las prácticas necesarias para su cultivo. 
  • Acceso a las semillas: colaborar con agencias agrícolas es esencial para garantizar que los agricultores tengan un acceso fácil a las semillas bioenriquecidas, ya que esto facilitará que los agricultores los planten de manera generalizada. 
  • Servicios de extensión: reforzar los servicios de extensión proporcionando apoyo y orientación sobre el terreno a los agricultores a lo largo de las fases de cultivo y cosecha. 
  • Integración en el mercado: colaborar con todos los que forman parte del sector para abrir nuevos canales para los cultivos bioenriquecidos y garantizar que los agricultores puedan venderlos y obtener precios justos.

Conclusión

Podemos vencer el hambre oculta en todo el mundo mediante la biofortificación de los cultivos y alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2: Hambre Cero. Este enfoque de enriquecimiento mejora el contenido nutricional de cultivos básicos como el arroz, el maíz, las judías y las patatas, lo que constituye una solución rentable para hacer frente a la malnutrición. Sin embargo, para fomentar su adopción es esencial integrar los esfuerzos de agricultores, responsables políticos e investigadores.

Referencias 

Improving nutrition through biofortification: a review of evidence from HarvestPlus, 2003 through 2016

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Jongstra, R. et al. The effect of zinc-biofortified rice on zinc status of Bangladeshi pre-school children: a randomized, double-masked, household-based controlled trial. Am. J. Clin. Nutr. (In press).

Haas, J. D. et al. Consuming Iron Biofortified Beans Increases Iron Status in Rwandan Women after 128 Days in a Randomized Controlled Feeding Trial. J. Nutr. 146, 1586–1592 (2016). 

Palmer, A. C. et al. Provitamin A carotenoid-biofortified maize consumption increases pupillary responsiveness among Zambian children in a randomized controlled trial. J. Nutr. 146, 2551–2558 (2016).

Biofortification of trace elements in food crops for human health NK Fageria, MF Moraes, EPB Ferreira… – Communications in Soil …, 2012 – Taylor & Francis

Bouis, P., Bouis, H. E., & Saltzman, A. (2017). Improving nutrition through biofortification: A review of evidence from HarvestPlus, 2003 through 2016. Global Food Security.

Nestel, P., Bouis, H. E., Meenakshi, J. V., & Pfeiffer, W. H. (2006). Biofortification of staple food crops. The Journal of Nutrition, 136(4), 1064S-1067S. doi: 10.1093/jn/136.4.1064S. 

Garcia-Casal, M. N., Peña-Rosas, J. P., & Giyose, B. (2017). Staple crops biofortified with increased vitamins and minerals: considerations for a public health strategy. Annals of the New York Academy of Sciences, 1390(1), 3-13. doi: 10.1111/nyas.13304. 

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